Primera cita con una bicicleta

Durante mi adolescencia, cuando todo mi entorno de amistades buscaba frenéticamente aprender a manejar contando con ansiedad los meses para obtener una licencia de conducir, yo me mantenía un poco al margen dado que mi padre, el potencial profesor y prestamista de automóvil, se encontraba lejos de Santiago por razones de trabajo y cuando contábamos con su presencia, no era el mas dado a pasarme el auto así como así.

Aún así no fui muy diferente a los demás y conseguí en el umbral de mis 18 años el codiciado cartoncito. Así comencé tímidamente mis desplazamientos urbanos.

No siempre tenía a disposición el auto, al menos no con la frecuencia que yo lo requería y las razones para tal “cruel” decisión paternal no entraban en mi cabeza. Me vi forzado entonces a buscar alternativas, no era posible que ese montón de fierros me privara de mi libertad.Aburrido de los extensos viajes en los antiguos buses urbanos de Santiago, sin dinero para taxis y con pocas ganas de caminar, me vi en la maravillosa obligación de pedirle prestada la bicicleta a mi hermano menor, la cual se había ganado en una rifa en el colegio.

Todo solucionado, me subí a la bicicleta y al tiempo pude reencontrarme con esa libertad e independencia clandestina que los padres no saben que uno tiene con su “juguete” a los 8 años. Recordé que en Chuquicamata, podía visitar a mis amigos sin tener que pasar por la burocracia materna y hoy siento que esos gratificantes beneficios me mantienen feliz junto a mi chancha.

Cuando era adolescente no tenía mucho dinero para utilizar taxis y muchos buses. Hoy ese es dinero que me evito de gastar.

Debo reconocer entonces que los malos momentos que pasé hace 15 años me dieron la posibilidad de disfrutar los beneficios de la bicicleta. Sigo pedaleando porque no dejo de disfrutar de la, independencia, rapidéz y libertad que me brinda moverme en este medio de transporte perfecto, simple.

Pedalear es gratis y además te permite entrar en contacto con el entorno que habitas o visitas, así aprendes a quererlo y respetarlo.

Regálate la oportunidad de pedalear, no tienes que partir viajando todos los días al trabajo, pero pequeños desplazamientos esporádicos con un objetivo específico, como ir a comprar pan o cervezas, te pueden ayudar e impulsar.

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