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Retratos urbanos

Camila posa con su bicicleta de correos

Nueva energía en correos

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Camila posa con su bicicleta de correos
Camila trabaja hace dos meses en Correos de Chile. Y en una actividad dominada por lo hombres resulta muy alentador ver su presencia vistiendo y pedaleando “la roja” de correos. Me comenta que “no hay muchas mujeres porque dicen que es un trabajo pesado”. De las cosas más lindas que le ha pasado en este corto tiempo repartiendo cartas y encomiendas en Ñuñoa, ha sido la amabilidad de muchas personas, que la reciben ofreciéndole agua, jugo y hasta dulces. Así va construyendo sus relaciones dentro de la última milla del servicio postal chileno, que de a poco se va adaptando y asumiendo su rol en un mundo donde el comercio internacional, globalizado, ha modificado el formato de la correspondencia.

Fresquitos, de La Ligua

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El 13 de febrero acompañé a Don Wilson y su sobrino Javier durante gran parte de su recorrido de la mañana. Durante esa jornada entrega y vende diarios, reparte “humitas” y vende dulces de La Ligua, frescos cada día. Supe de su actividad el pasado Septiembre, cuando al pasar le robé una foto cuando regresaba de vender en la playa en su triciclo.

Algunos clientes le echaban bromas al ver la compañía de un fotógrafo. “¿Anda con prensa Don Wilson?”

Trabaja hace ya casi 47 años en el sector de La Laguna, comuna se Zapallar. “Desde cuando eran dos casas”. Me contó y mostró quiénes eran los vecinos que vivían acá y también de algunos ilustres, como su “amigo” Leonel Herrera, ex jugador del Colo-Colo del 73. Pasamos por la casa que arrendó para este verano a dejarle el diario y don Wilson le ofreció pasteles, los que prefirió para la tarde. Su nieta recibió de regalo una “almeja”. Ahí aproveche de confirmar el nombre de ese pastel redondo, con base de masa, capa de manjar y una generosa capa de merengue adornada con bolillas de colores. Otros clientes lo llamaban “bolitas”.

Con lo del jugador del Colo-Colo aprovechamos de conversar sobre otro ilustre del fútbol en Cobreloa, Héctor Puebla, “el Ligua Puebla”, pese a que originalmente es de Valle Hermoso. Su sobrino Javier me comentó que sigue yendo a la zona. Muchos van a sacarse fotos con él, pero dice entre risas que algunos van más que nada por sacarse fotos con la camiseta que el mismo Maradona le deió luego de un partido donde tuvo fiera marca “del Ligua”.

Fanático del Colo, don Wilson.

Está cansado. Por estos días anda “mas o menos nomás… aquí”. Parece que son sus pulmones. Pero él sigue con su pucho. Dice que es uno nomás. Lo he visto pedalear poco. Eso explica la presencia de Javier, quien vino desde Angostura de Paine –donde vende dulces y bebidas en los tacos antes del peaje.

Me sopló que hay más de 30 fábricas de dulces en La Ligua, algunas buenas y otras malas. El prefiere comprar bueno aunque le cuesten $50 más por dulce, así se asegura de llevarle siempre cosas buenas a sus clientes. Creo que lo único que don Wilson no puede elegir llevar bueno a sus clientes, son las noticias.

No todo lo que está botado es desecho

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Lo vi con media cuadra de distancia. Ambos observábamos un toldo que yacía invertido en la vereda apoyado en los muros de una casa esquina. Nos miramos y sin palabras nos dimos cuenta que el artefacto no era desecho, si no que había escapado gracias al viento, que lo dejó alejado de su función en la calle. Tocamos el timbre y Gabriel gritó hacia la casa, con mucho más personalidad que yo. Nadie salió.

Nos pusimos de acuerdo, juntos levantamos la estructura y la regresamos, como pudimos, dentro de la propiedad. El resto de la tarea es cosa que los que disfrutarán de su sombra, al menos un día más, si el viento se los permite.

Gabriel trabaja hace mas de 20 años como recolector. Vende lo que encuentra en la feria de Lo Hermida, Peñalolén. Le llamó la atención mi cámara y aprovecha de comentarme que ahí mismo vendió hace poco una buena cantidad de accesorios de fotografía que una persona le regaló luego de cerrar su tienda.

Nos dimos un apretón de manos y seguimos cada uno nuestro camino.

Noticias a domicilio

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En días hábiles, recién estrenada la tarde, es la hora punta de su trabajo. Recorre Providencia en su bicicleta adaptada a lo Huaso Style para pedalear más erguido y habilitar una zona de carga de una antigua bicicleta de ruta, como hacen muchos de los que comparten su actividad. Reparte el periódico con las “noticias del medio día”. De él aprendí que su oficio no se llama “Suplementero”: “ellos son los que venden los diarios, ya sea en la calle o en quioscos”. Su rol es el de “Repartidor de Suscripciones”. Ese trabajo consiste en dejar el diario a domicilio a aquellos que han “prepagado” para obtener las noticias impresas, trabajo que este señor lleva haciendo por más de 40 años.

En busca de cobre

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Gabriel estaba afanado junto a su triciclo tratando de desarmar una máquina de aire acondicionado que alguien desechó. No tenía la herramienta adecuada y a duras penas doblaba las latas de la carrocería para poder acceder al cobre, que es lo que realmente le sirve. Pese a su timidez accedió a ser retratado y a conversar unos instantes.

“Tengo hace poco este triciclo, el anterior me lo robaron con el cuento del tío (o la técnica milenaria).”

Engatusado con un supuesto trabajo y algo de efectivo, dejó su triciclo para ingresar a una propiedad a cuidar del jardín. Nada tenía que ver esta con quien solicitó el trabajo, momento en que el timador aprovechó para escaparse con el triciclo y toda su carga, dejando a Gabriel en una incómoda situación dentro de un espacio completamente ajeno.

Le presté un destornillador y con eso pudo acceder con facilidad a lo que buscaba.

Caleta Ñuñoa, verduras a domicilio

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Pedaleando camino a la oficina veo una bicicleta roja, un Short John, apoyada en la muralla de una casa. Me detengo para hacerle una foto. Justo en ese momento sale por la puerta su conductor. Se llama Damián. Le cuento que estaba a punto de fotografiar su bici. Le pregunto si puedo hacerle un retrato y acepta sin dudar.

Damián trabaja en la “Caleta Ñuñoa”, una verdulería y pescadería que está en la calle Pedro de Valdivia casi esquina con José Domingo Cañas. Hoy repartía verduras.

La cosa más feliz que le había pasado en el día fue saber “que estamos vivos y tengamos energía para salir adelante.”